LA LUJURIA EN EL ARTE
Del
latín luxurĭa, la lujuria es el apetito desordenado e ilimitado de los placeres
carnales. El término suele estar asociado al deseo sexual incontrolable,
aunque, en realidad, también permite referirse al exceso o demasía de otro tipo
de cosas. La lujuria se vincula con la lascivia, que es la imposibilidad de
controlar la libido.
Las
religiones suelen condenar a la lujuria. Para el catolicismo, la lujuria es un
pecado capital, mientras que el hinduismo la señala como uno de los cinco
males. La religión, en general, considera que el deseo sexual en sí mismo es
lujurioso, más allá de su pertenencia o no al campo de la obsesión. La condena
moral a la lujuria está vinculada, por ejemplo, a la prohibición de las
relaciones sexuales fuera del matrimonio.
La
lujuria está relacionada, en otras palabras, a los pensamientos posesivos sobre
otra persona. Cuando este tipo de obsesiones llega a un extremo patológico,
puede generar compulsiones sexuales, abusos y violaciones.
Un
principio teológico afirma que la fuente de amor siempre es Dios; al amar a
Dios, se puede amar a todos los seres humanos. Cuando no hay amor a Dios, en
cambio, no hay amor al resto de las personas. La lujuria aparece cuando se
intenta poseer al otro sujeto para obtener amor, fuera de Dios. Se trata, por
lo tanto, de una deshumanización del ser amado.
La
respuesta religiosa contra la lujuria es el amor a Dios y el reconocimiento del
otro ser como objeto de creación divina. El amor al prójimo, por lo tanto,
siempre es amor a Dios.
Atributos
y formas de representación
El
motivo iconográfico es muy sencillo, tanto en sus componentes, como en su definición.
Se trata de la representación de una mujer (rara vez el castigado es varón),
desnuda y habitualmente de largos cabellos sueltos, cuyos senos son mordidos
por sendas serpientes que ascienden
enroscándose en sus piernas y a las que la asediada, en vano, trata de
separar con las manos. Como variantes
más significativas, la sustitución ocasional de las serpientes por sapos, o por
la presencia combinada de ambas especies.
Idéntico concepto puede quedar reflejado también a partir del suplicio
que aguarda a una pareja de amantes que,
bien pueden aparecer juntos en un lecho (como sucede en la página del Infierno del Beato de Silos), o
que, encadenados o sujetos por sogas que rodean sus cuellos son conducidos por demonios como se
ve en el tímpano de Conques. Pero, ni en un caso, ni en otro, la representación
responde a la definición iconográfica de Lujuria. Es bastante frecuente que su
representación forme pareja con la de la imagen de la Avaricia.
Hombres
Itifálicos. Canecillos de San Martín de Elines (Cantabria). Románico Peninsular
siglos XI al XIII.
San
Pedro de Cervatos (Cantabria) – Pareja de canecillos impúdicos Románico
Peninsular siglos XI al XIII.
Catedral
de Huesca. El "castigo a la lujuria". Estilo Gótico. Siglos XII-XVI.
Lujuria, Pieter Buegel The Elder, 1558.
Lujuria,
James En sor. Oleo 1888.
Lujuria, Leonardo Yosovitch, siglo XXI.






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